La indetenible Ruota Fortuna

...Reino, he reinado, carezco de reino, Reinaré...

20 dic. 2010

Post Nubila Phoebus!


Trabajo en la universidad desde mis prístinos 20 años. Comencé siendo estudiante aún, como asistente de investigación en el principal instituto de investigaciones de mi facultad, y a partir de ese momento me he dedicado a la investigación. Quien revise mi CV notará que nunca he trabajado fuera de la universidad; tengo 14 años como investigadora y 10 como docente, todos en la misma universidad. ¿Por qué no intenté trabajar fuera de la Academia? Sí lo intenté; de hecho, por haber ganado el premio Simón Rodríguez a la excelencia estudiantil, Maraven (antigua filial de PDVSA) me ofreció trabajo. No lo acepté porque todos allí eran "cuadraditos": todos pensaban igual, todos vestían igual y leían los mismos libros, todos hablaban igual; así que no, no era para mí. Yo amo la diversidad, el pensamiento crítico libre y creativo, así que les dije que no, que muchas gracias, que ¡Oh, sí! ¡Tremendo sueldo!, pero que no era para mí. Posteriormente, busqué trabajo en un banco (que para aquél momento era el más grande y prestigioso, por haber sido comprado por un gran banco español). Llevé mi CV, hice todas las pruebas escritas, pasé a la siguiente ronda, el psicólogo me entrevistó, me preguntó sobre cómo me veía yo en 5 años, y luego de contestarle, me dijo: "Mira, chica, yo te veo muy inteligente, muy preparada, tú sabes lo que quieres y piensas como quieres...lamento decirte que este trabajo no es para tí, porque a este banco no le interesa la gente que piense por sí misma; ellos sólo quieren personas que sigan órdenes sin pensar". Acto seguido me levanté y me fui, agradeciéndole a ese señor que fuera tan honesto conmigo. También apliqué en otras empresas grandes en la ciudad: las dos empresas cerveceras con plantas aquí, tabacaleras (para aquél entonces fumaba todavía, aunque poco después de éso lo dejé definitivamente), entre otras. En todas ocurría lo mismo: "sí, tremendo currículo; muy bien preparada, pero aquí no nos interesa gente que tenga tu perfil, necesitamos gente que siga órdenes sin cuestionar".

Siendo tan honesta como siempre soy, debo decir que necesitaba trabajar por razones monetarias, porque a una asistente de investigación sólo le pagaban 25 mil bolívares de los viejos al mes, y yo quería hacer un postgrado, terminar mi curso de Inglés, irme de mi casa lejos de mis padres, para lo cual necesitaba del cochino dinero. También debo mencionar que, por haberme graduado Summa Cum Laude, la universidad me había entregado una carta donde decía que, por mis méritos como Summa etc., tenía el derecho de ingresar como personal docente sin concursar. Al principio no me gustaba la idea de dar clases, yo sólo quería investigar; pero tanto insistieron mis antiguos profesores, que finalmente fui a hablar con la entonces Directora de Escuela. Esa mujer magnífica, quien además fue mi profesora, me recibió con todo el cariño y respeto del mundo y me dijo: "Eve, tienes el derecho de ingresar como docente en esta Escuela. Te lo ganaste por haber sido la mejor estudiante de tu promoción. Queremos que dés clases en el área de Micro". Siendo honesta una vez más, a mí no me atraía la idea de dar clases en esa área, pero cómo me interesaba mi postgrado (y la universidad lo pagaría si aceptaba), y no tenía dinero para costearlo, le pregunté: "Entiendo, profe. ¿Y qué maestría estudiaría? Yo quiero estudiar tal maestría, es mi sueño"; a lo cual ella respondió: "Ahí si no podemos complacerte, Evelyn; tienes que estudiar la maestría en gerencia de yo no sé qué". Apenas escuché: tienes que estudiar... tienes, todo mi cuerpo se erizó, mi intelecto se puso en estado de alerta roja, y mi lengua se disparó: "Ah...veo...tengo que estudiar algo que ni me interesa ni me gusta, para dar clases en algo que no me interesa...bien, creo que debo agradecerle por su tiempo y su interés, pero NO acepto. Gracias, profe. Seguiré con mi camino para estudiar lo que YO quiero". Salí de esa oficina maldiciendo a todas las autoridades universitarias, por haberse atrevido a imponerme en qué área iba a desarrollarme intelectualmente, y me juré a mi misma que estudiaría lo que YO quería, y no lo que una bola de momias me decían.¿Qué cómo lo logré? Ya se los voy a contar.

Después de todo ese peregrinaje de intento laboral (el cual no duró más de 6 meses luego de graduarme), decidí inscribirme en la maestría que yo quería acudiendo a mi padre como financista (lo cual detestaba visceralmente). Comencé a estudiar, y casi inmediatamente, mis profesores en la maestría me ofrecieron  adscribierme con ellos en un proyecto de investigación. La paga seguía siendo pírrica, pero estaba haciendo lo que yo quería en aquél entonces; y, por sobre todas las cosas, tenía la oportunidad de pensar por mí misma, proponer mis ideas, ser escuchada, debatir, discernir, oponerme a lo que decían mis profesores y ser libre para pensar y actuar. Para ése momento ya sabía que las cosas en la universidad no eran tan ideales como yo creía siendo una estudiante de los primeros semestres, eterna enamorada de mi alma mater; ya había visto la corrupción y las guerritas de egos que se daban en la universidad; pero también había conocido profesores ilustres, verdaderos académicos que aún mantenían mi amor por la Academia y por lo que hacía. Sabía que la universidad tenía defectos (muchos), pero todavía seguía siendo el espacio ideal para desarrollarme como pensadora libre y crítica. Siempre agradecí (y aún agradezco) la estoica paciencia de mis profesores, tanto de pregrado como de postgrado, ante mis intervenciones vehementes en clase, ante el hecho de que yo era un "gallito de pelea" que no aceptaba todo lo que decían los libros "porque sí, porque fulano lo dijo", por haberme permitido expresar lo que pensaba y por haber discutido conmigo en clases. Siempre agradeceré que en esas aulas de mi Escuela, me permití y me permitieron ser libre para pensar y expresarme, de cuestionar, de criticar, de proponer, de mandar a la mierda a todos los premios Nobel si no me convencían, y por encima de todo éso, agradeceré siempre el haber sido libre para forjarme mi propio camino en mi búsqueda de conocimiento, gracias a éso que llamaban libertad de cátedra.

Al año de haber comenzado mi maestría, uno de mis profesores del pregrado me llamó para que entrara en un concurso de credenciales en mi Escuela, en la materia que YO quería. Lo hice, entré como todos los demás, pasé por las pruebas como todos los demás, y gané con una ventaja de 37 puntos con respecto a mi competidor más cercano. Finalmente, además de ser investigadora, ahora era también docente en la Escuela que me vio crecer y desarrollarme como profesional.  Y ahora podía aplicar con mis estudiantes todo lo que había aprendido, más mis ideas personales acerca de cómo enseñar Estadística. Tenía en mis manos la posibilidad de enseñarle a esos muchachos a pensar por ellos mismos; siempre les pedía (y les pido) que me cuestionen, que lo cuestionen todo y nunca tomen nada por sentado o porque fulano de tal lo dijo en el libro tal. Siempre les digo que conmigo lo del conocimiento per autoritas no funciona, que siempre se atrevan a preguntarse si realmente 2+2 es siempre igual a 4, que no se forjen en medio de dogmas, que no sean genuflexos, que no vendan sus ideales, que no se vendan, que sean libres, que defiendan a morir el pensamiento crítico y sobre todo que lo ejerzan en todo momento... En este punto de mi documento, mi afecto lector, creo que puedes darte cuenta que no he escrito todo esto para comenzar mi autobiografía ni para autopromocionarme como la última coca-cola del desierto académico, sino para que entiendas porqué hoy, lunes 20 de diciembre de 2010, siento que todo ésto por lo que he luchado se ha ido al mismísimo infierno, arrastrando a mis muchachos, a mis estudiantes a ese foso maloliente.

Tengo toda una vida luchando contra la corrupción de las ideas en mi universidad, y contra todo tipo de corrupción. Tengo toda una vida enseñando como mejor me ha parecido, logrando que muchos de mis más de 2 mil estudiantes (sí, mis cursos son tan bien aceptados, que he llegado a tener más de 200 estudiantes en un semestre regular, porque todos se quieren inscribir conmigo) se acerquen a mi diciéndome: "profe, gracias a lo que Usted nos enseñó aprendí a tomar decisiones pensando por mí mismo, aprendí a defender mi derecho a expresarme, y aprendí a respetar a los demás respetandome a mi mismo"...Y hoy me pregunto, ¿qué será de mis muchachos?, ¿qué será de los estudiantes que aún no han llegado a la universidad, pero que llegarán en un futuro no muy lejano? Sinceramente, no pienso en mí. Yo seguiré enseñando como siempre lo he hecho, hasta que me vaya de la universidad, o hasta que me metan presa. Ya yo sé pensar por mi misma, y tengo en mí ese espíritu cuestionador anti-dogmático; pero, ¿y ellos?, ¿qué pasará con ellos?

En mis momentos de más profunda desesperación y dolor, siempre recuerdo el lema de mi universidad: Post Nubila Phoebus! Después de la oscuridad, luz. Sólo espero que esta vez este mantra personal me ayude a sostenerme ante el dolor que siento al ver cómo le han robado el futuro a mis muchachos, y a todo este país.


E.

14 dic. 2010

Decisiones

Después de una intensa y profunda reflexión, tomé la siguiente decisión: hacerme feliz amándote desde mi completitud como mujer, desde la libertad de mi alma, desde mi independencia emocional, desde mi amor propio. Porque sólo así sucederá como consecuencia que podré hacerte feliz. Mi felicidad individual es condición sine qua non para lograr nuestra felicidad colectiva. Qué hermoso es amarte así, sabiéndome mía, mi dueña y señora, y poder ser realmente tuya.

Te amo. Vivo por mí, por vos, por nos. Te amo.

E.

Reflexiones difusas


Abro los ojos, me levanto, y mi mente no deja de parlotear. Me veo al espejo, miro mis ojos, y comienzo a sentir el silencio necesario para acallar a la muchachita inquieta de mi mente, y conectarme con la mujer que soy.

En ese sagrado momento (aunque últimamente he aprendido que el concepto de sagrado puede atarnos más a cosas innecesarias, antes que llevarnos a la verdadera liberación)  veo cómo gran parte de la humanidad se ha dedicado a diluirse en un marasmo de nadas, de vacíos, que sólo llevan a encerrarnos en nuestro propio miedo a ver las cosas cómo realmente son. Hablamos por hablar, miramos por mirar, nos dedicamos a tener conversaciones llenas de aire caliente sólo para no ver las horas correr amargamente y sin algo que les dé vida...matamos el tiempo navegando en internet, hablando de cualquier cosa con el primer desconocido que nos dijo "hola", buscando llenar nuestras carencias con sus burdas caricias a nuestro ego.

El punto es, que nuestra ansía de distracción frenética sólo disfraza superficialmente esa postura cómoda de las almas blandengues de no querer recorrer ni aceptar su propia trascendencia; de no querer buscar, hurgar, excavar, socavar, limpiar y encontrar todo lo que nos compone, separando la basura de nuestros verdaderos tesoros. Abrimos los ojos desmesuradamente a cuanta candileja se nos atraviesa en nuestro afuera, para evitar abrirlos verdaderamente y ver nuestra oscuridad, buscando nuestra luz, en nuestro adentro.

Recuerdo que cuando era niña, muy muy pequeña, solía esconderme detrás de la inmensa cortina de la sala, para no ver cómo mi padre molía a golpes a mi madre. Pero al final, siempre, de una manera u otra, terminaba siendo testigo silente de toda aquella masacre que terminaba salpicándome; por lo que desde esa tan tierna edad decidí que siempre iba a caminar con los ojos bien abiertos, mirando hacia adentro. Hasta ahora lo he cumplido fielmente, y es por éllo que no mato mi tiempo, sino que lo lleno de vida con mi trabajo continuo de perfeccionar esta obra que soy yo.

E.

Pequeño y necesario prólogo

Nunca había pensado en escribir en un blog, porque honestamente no siento la necesidad de hacer públicas mis ideas. Sin embargo, el conocer a dos personas que han cambiado mi vida me hizo reflexionar al respecto, y decidí comenzar a escribir aquí para de esa manera tener constancia de mis diálogos con ellos. Espero que estas reflexiones difusas, casi crípticas, muy honestas y sentidas, sean el comienzo de estos diálogos. 

E.