La indetenible Ruota Fortuna

...Reino, he reinado, carezco de reino, Reinaré...

14 dic. 2010

Reflexiones difusas


Abro los ojos, me levanto, y mi mente no deja de parlotear. Me veo al espejo, miro mis ojos, y comienzo a sentir el silencio necesario para acallar a la muchachita inquieta de mi mente, y conectarme con la mujer que soy.

En ese sagrado momento (aunque últimamente he aprendido que el concepto de sagrado puede atarnos más a cosas innecesarias, antes que llevarnos a la verdadera liberación)  veo cómo gran parte de la humanidad se ha dedicado a diluirse en un marasmo de nadas, de vacíos, que sólo llevan a encerrarnos en nuestro propio miedo a ver las cosas cómo realmente son. Hablamos por hablar, miramos por mirar, nos dedicamos a tener conversaciones llenas de aire caliente sólo para no ver las horas correr amargamente y sin algo que les dé vida...matamos el tiempo navegando en internet, hablando de cualquier cosa con el primer desconocido que nos dijo "hola", buscando llenar nuestras carencias con sus burdas caricias a nuestro ego.

El punto es, que nuestra ansía de distracción frenética sólo disfraza superficialmente esa postura cómoda de las almas blandengues de no querer recorrer ni aceptar su propia trascendencia; de no querer buscar, hurgar, excavar, socavar, limpiar y encontrar todo lo que nos compone, separando la basura de nuestros verdaderos tesoros. Abrimos los ojos desmesuradamente a cuanta candileja se nos atraviesa en nuestro afuera, para evitar abrirlos verdaderamente y ver nuestra oscuridad, buscando nuestra luz, en nuestro adentro.

Recuerdo que cuando era niña, muy muy pequeña, solía esconderme detrás de la inmensa cortina de la sala, para no ver cómo mi padre molía a golpes a mi madre. Pero al final, siempre, de una manera u otra, terminaba siendo testigo silente de toda aquella masacre que terminaba salpicándome; por lo que desde esa tan tierna edad decidí que siempre iba a caminar con los ojos bien abiertos, mirando hacia adentro. Hasta ahora lo he cumplido fielmente, y es por éllo que no mato mi tiempo, sino que lo lleno de vida con mi trabajo continuo de perfeccionar esta obra que soy yo.

E.

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